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jul

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El cloro es imprescindible para que la piscina no se convierta en un nido de gérmenes pero también es el responsable de resecar la piel, ya que deteriora su manto graso protector, según advierten desde la Academia Española de Dermatología y Venereología. “El pH de la piel es de 5,5. El del agua, de 7, y eso ya, de por sí, reseca”, comenta la dermatóloga Elia Roó, coordinadora de la Unidad de Dermatología Estética del Hospital Sur (Madrid) y directora de Clínica Clider.

 

Estos efectos adversos pueden mitigarse embadurnándonos con un aceite protector o una crema barrera para crear una película impermeable sobre la piel. Pero con muchos bañistas siguiendo esta medida, se acabaría formando una capa grasa en la superficie del agua bastante repugnante (de ahí lo de la ducha previa obligatoria). Lo mejor, si la sequedad no es alarmante, es ducharse al salir e hidratar a conciencia al terminar la jornada.

 

Coloquialmente se le echa la culpa de todo al cloro, pero hay otras que también irritan. Es el caso de la cloramina, un compuesto formado por la reacción química entre el cloro y otros fluidos orgánicos presentes en el agua, como la saliva y, sí, el ácido úrico de la orina, que puede causar alergia y asma en niños de corta edad, porque chapotean y suelen permanecer más tiempo en el agua.

 

Atención a la dureza del agua

Hay aguas y aguas. Las que acaba por obstruir su lavadora con depósitos de cal también son devastadoras con la piel y es la más habitual en el litoral mediterráneo español. “En las regiones donde sus reservas hídricas presentan una mayor concentración de minerales (sobre todo, calcio y magnesio) se registran hasta un 10% más de casos de eccema por dermatitis atópica infantil”, explica la dermatóloga Cristina García Millán, del Grupo Pedro Jaén.

 

Hay dos maneras de evitar que la piel del menor empeore en verano: impedirle bañarse en piscinas o minimizar los efectos de la cal sobre la piel. Para ello se aplican las llamadas cremas barrera, que combinan las propiedades reparadoras y calmantes de las plántulas de la avena rhealba con las propiedades reparadoras del cobre y el zinc. Hay que usarlas unos 15 minutos antes de que el niño se bañe. Al final de la jornada, le ducharemos con productos de higiene especialmente formulados para pieles atópicas.

 

Ojos rojos

Entre el cloro y la cloramina los ojos pueden acabar enrojecidos tras una sesión en la piscina. Desde el hospital Vithas Nuestra Señora de América, en Madrid, recomiendan las siguientes pautas de protección: usar gafas de buceo si nos sumergimos para evitar rojeces, escozores y picores, no prescindir de las de sol fuera del agua para que la exposición prolongada al astro no provoque irritación, quitarse las lentillas a la hora del baño pata ahuyentar a hongos y bacterias y, en caso de dolor o irritación ocular durante nuestro día de piscina, lavar los ojos con suero fisiológico y aplicar unas gotas de lágrimas artificiales.

 

Pelo verde

El cloro no cambia el color del cabello, de eso se encarga el sulfato de cobre, una sustancia azulada que se añade al agua para eliminar los hongos. El azul resultante más el amarillo del pelo dorado acaba en verde. Además de mantener la cabellera fuera del agua, puede protegerse con aceites capilares o mascarillas para crear una película impermeable.

 

Dientes teñidos

Las personas que nadan más de seis horas a la semana exponen sus dientes a grandes cantidades de agua tratada químicamente. Estos productos dan al agua un pH superior al de la saliva, haciendo que las proteínas salivales se descompongan rápidamente y formen depósitos orgánicos o sarro marrón en los dientes. Se conoce como el sarro del nadador. Aparece predominantemente en los dientes delanteros, dándoles un aspecto amarillento- marrón. Nuestro consejo es evitar esa erosión dental mediante fluoraciones dentales en el dentista cada seis meses, aproximadamente, y usar pastas dentales con flúor.

 

Hongos a raya

Un bañador mojado viene a ser un hotel de cinco estrellas para los hongos vaginales. Al final de la jornada se debe usar un jabón íntimo con un pH específico para la zona genital (pH 5-5,2) y evitar jábones que puedan resultar agresivo para la flora vaginal.

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