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sep

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El silencio es una actitud y por tanto, conviene ejercerla con inteligencia. Silencio es leer, pensar a menudo, no dejarse llevar y pararse cuando es necesario. Pero silencio también es escuchar, cuando se hace para aprender, y favorecer una reflexión sosegada. Bienvenidos a la era “no Noise”.

En 2010, un puñado de expertos en marketing se reunía en un restaurante de Helsinki para idear cómo hacer atractivo al visitante un país mediano y remoto, eclipsado por la vanguardia de vecinos como Suecia o por la histórica grandeza de Rusia. Y dieron con un elemento que hasta entonces nadie se había atrevido a vender como un recurso natural: el silencio.

Según el investigador y neurólogo Michael Wehr, de la Universidad de Oregón, nuestras neuronas se encienden durante la quietud.

El silencio facilita el control de la tensión arterial, baja el riesgo cardiovascular, previniendo, por tanto, dolencias del corazón e ictus) y predispone a los beneficios de una vida reflexiva. El pensamiento profundo y meditado genera nuevas conexiones entre neuronas. Es decir, una vida intelectual activa, que requiere concentración y, por tanto, silencio, cumple un papel protector en afecciones neuronales.

Por ejemplo, ya sabemos que un nivel educativo alto en silencio se vincula con un menor riesgo de padecer alzhéimer. Por tanto, una rutina poco ruidosa y salpicada por momentos de silencio es directamente proporcional a una salud física y mental más que aceptable. No hace falta aislarse por completo. Basta con vivir una vida normal con especial atención a la calma. De hecho, ningún cerebro humano aguanta el silencio total pues el cerebro siempre está buscando estímulos y si no los encuentra fuera, magnifica el ruido del corazón, los intestinos o pensamientos negativos poco saludables.

De nuestras decisiones cotidianas va a depender que nos empapemos o no del poder del silencio. Ejemplos de los avances no noise son los en secadores de pelo sigilosos, aplicaciones que permiten apagar el smartphone o la oferta de vacaciones en lugares sin wifi.

 

Países como Finlandia se posicionan con fuerza en este tendencia.

 

Amén de en sus archipiélagos casi despoblados, su número de habitantes es similar al de la Comunidad de Madrid, pero dispersos en una superficie 42 veces mayor, con bicis destartaladas apoyadas en la puerta y pocos bares (o ninguno) a la redonda, Finlandia abraza el silencio en el mismo centro de su capital, un enclave bullicioso de tiendas, con escenario para música en directo, donde tocan grupos de rock incapaces de atravesar con sus guitarras un edificio cercano, la Capilla del Silencio, un templo no religioso insonorizado donde rendir tributo a la ausencia de palabras.

 

Otros lugares con un índice de ruido bajo, según la guía de viajes Lonely Planet, son el monasterio de Kartause Ittingen (Suiza), la isla de Iona (Escocia) o Kielder Foster (Reino Unido).

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