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Cada día puedes hacer algo por proteger el planeta. Créelo, porque está en tus manos. ¿Sabías que la forma de cocinar y utilizar la cocina puede ayudar a minimizar el impacto ambiental? O simplemente con tus rutinas a la hora de gestionar los residuos. Dedicamos el post de hoy a recordar algunas de las buenas prácticas diarias que ayudan a respetar al planeta.

 

  1. Consumir productos locales. Se trata de alimentos cuyo origen se encuentra a menos de 100 kilómetros de su lugar de venta. Esto no solo contribuye a la riqueza de la zona, al tratarse de productores locales, sino que además ayuda a reducir la huella de carbono derivada del transporte.

 

  1. Elige productos de temporada. Los alimentos de temporada son más frescos, sabrosos y duraderos, además de económicamente más asequibles. Por lo que respeta a frutas y hortalizas, consiste en ser más respetuoso con los ciclos de vida del producto, recolectándolo cuando se encuentra en su punto óptimo de maduración. Es importante, consultar el origen en la etiqueta del producto y respetar las tallas mínimas, en el caso del pescado.

 

  1. Evita el desperdicio. Según el último informe del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, los hogares tiran 1.326 millones de Kilos de alimentos al año. Es decir, 1,3 kilos por semana y por hogar. Para evitarlo, podemos aprovechar las sobras de la comida para cocinar otros platos, organizar las compras en base a un menú semanal, congelar aquello que no vayamos a usar y en general, hacer un uso más responsable de aquello que compramos.

 

  1. Ahorrar energía. Los hogares consumen más de una quinta parte de toda la energía que se emplea en España. De hecho, la cocina es la estancias de la casa que más energía consume. Para reducir gasto, puedes optar por placas de inducción, usar sartenes con diámetros similares o superiores a la zona de cocción, emplear ollas a presión o apagar la placa 5 minutos antes de terminar de cocinar para aprovechar el calor. El lavacajillas consume menos que fregar a mano y también el microondas con respecto al horno convencional.

 

  1. Controlar el agua. Llenar el lavavajillas y la lavadora o secadora antes de encenderlos puede ayudar a ahorrar más de 2.500 litros de agua cada mes. Procura emplear programas “Eco” o de menor duración.

 

  1. A la hora de descongelar. La descongelación debe hacerse en el frigorífico, en un recipiente limpio y hermético. Hay que tener la precaución de cocinarlo durante las 24 horas siguientes. De esa forma, nos aseguraremos de que el alimento recupere su aspecto, sabor y olor original. Descongelar debajo de un chorro de agua caliente es una mala práctica ya que el cambio brusco de temperatura, reduce calidad gastronómica al producto.

 

  1. Después de usar, reciclar. Los restos de fruta y verduras sirven para elaborar compotas y mermeladas. Los posos del café, servilletas de papel, pasta o galletas se emplean como abono. Con el aceite usado se hacen jabones. Distinguir los residuos entre papel, cartón, vidrio y envases debe ser un hábito cotidiano.

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