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Las vacaciones son la época perfecta para explorar tu escritura emocional. Piénsalo, no necesitas más que una hoja en blanco, un lápiz y tu mente. Es posible que no seas de esas personas habituadas a redactar textos, historias o novelas. Pero en este canal de expresión no necesitas recurrir a la inventiva, ni nadie te exige pulcritud estilística. Es más, todo lo que escribas, es privado. El mecanismo perfecto para encontrarte a ti mismo. Y cómo no, para liberarte…

 

Exponer estas ideas nos va a permitir ir reduciendo el estrés poco, al abordar todos esos muros existentes en nuestra vida que día a día nos van quitando las energías. Escribir sobre ellas es un modo perfecto por reconocer esos obstáculos, poniéndoles nombre para ir afrontarlos mediante una serie de ideas que iremos plasmando.

 

La escritura personal puede llegar a ser un proceso psicoterapéutico y de autoayuda perfecto, ahí donde no necesitamos la intervención psicológica de un profesional. Si lo hacemos bien, si somos competentes reconociendo problemas y pautando medidas de acción, seremos dueños de nuestra vida al ser capaces de tomar el control en beneficio propio.

Esta sensación de autocapacidad para gestionar los problemas a través de la escritura, nos aporta salud y bienestar, reforzando no solo nuestra autoestima, sino también nuestro sistema inmunológico al aportar felicidad y tranquilidad, dejando a un lado el estrés y la ansiedad.

 

Cuando escribimos, buscamos siempre un instante para nosotros mismos. De este modo nos estamos regalando un espacio de tiempo precioso para pensar sobre nuestra vida, practicando la siempre necesaria introspección.

 

Aprendemos a establecer metas, planes, alternativas de acción, prioridades…. Escribir sobre estas realidades, incluyendo además nuestros deseos, nos motiva de un modo más intenso al personalizar ideas, dándonos fuerzas para generar los cambios.

 

Redactar sobre nuestros pensamientos nos permite ventilar emociones, sentimientos y pensamientos. Esa intimidad personal es un modo idóneo para conseguirlo, ya que a veces, para muchas personas no es fácil poner en voz alta su mundo interior, e incluso sus necesidades.

 

Nos ayuda también a reconocer emociones que de otro modo, es posible que no pudiéramos llegar a entender en su sentido íntegro. En ocasiones nos es difícil admitir que detrás de una sensación de rabia o ira, por ejemplo, se esconde la vulnerabilidad o la tristeza, qué detrás del auto-perfeccionamiento se halla la inseguridad…máscaras que todos llevamos en la cotidianidad y de las que no somos del todo conscientes.

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