05
sep

shutterstock_659875822

Según los expertos, los españoles comemos mal y en exceso. No es que comamos más cantidad, sino que ingerimos más calorías de las necesarias. En términos generales, casi todo el mundo rechaza un plato rebosante de grasa, pero seguimos consumiendo lípidos en exceso. ¿Cómo? En embutidos, que muchas veces sustituyen a la cena, en quesos curados, en aperitivos y, sobre todo, en alimentos preelaborados. La grasa no se ve, pero ahí está.

Pero es que además consumimos pocas frutas y verduras e hidratos de carbono, que se identifican con el aumento de peso. Por tanto, menos pasta, pan, arroz, patatas y legumbres. Otro error, ya que cualquier plato con estos ingredientes elaborado sin un exceso de grasa es perfecto porque sacia, no tiene tantas calorías, su absorción es lenta y aporta fibra.

Y tercera equivocación: nos pasamos con el azúcar. Los expertos aconsejan como máximo tres cucharadas al día. Pero, ¡ojo! recuerden que el azúcar también está en la bollería y, especialmente, en bebidas carbónicas y zumos preparados.

El otro gran error es el mal reparto de las comidas: se desayuna poco, no se almuerza, se malcome, y cuando se llega a casa, a partir de media tarde, se come mucho. Justo casi al revés de lo que recomiendan los dietistas y nutricionistas.

Nuestro cuerpo está preparado para que el aporte de nutrientes llegue durante la primera parte del día. Si esto no ocurre, se ponen en marcha una serie de mecanismos que aumentan el apetito y la eficiencia energética. El cuerpo no sabe por qué no llega el alimento, sólo que está pasando algo y hay que ahorrar por si hace falta. Si ocurre cada día se van acumulando reservas que después no se consumen, y esto es claramente negativo para nuestra salud y para el mantenimiento de un peso correcto.

Los expertos nos recomiendan:

  1. El desayuno debe ser completo: fruta o zumo natural, un lácteo (leche, yogur o queso), hidratos de carbono (cereales o una rebanada de pan, mejor si es integral) y algo de proteínas (aceite con sal en el pan, una loncha de pavo o jamón…).
  2. Para los que dicen ese clásico “no me entra nada tan temprano”, lo aconsejable es compensar en el almuerzo lo que no se haya tomado durante el desayuno. Puede ser el momento de una fruta, un zumo o un pinchito y una infusión.
  3. La comida ideal es un plato único compuesto por 100 gramos de proteínas, 2 cazos de hidratos de carbono y el resto verduras y hortalizas. Se puede acompañar de pan y ensalada. Y siempre una fruta.
  4. Merienda: pequeño bocadillo, un lácteo o una fruta. No hace falta si se cena pronto.
  5. Cena: siempre verdura o ensalada, y de segundo, pescado, pollo, huevo… También se puede optar por carne, pero suele tener mejor digestión si se toma al mediodía.

Pero al triángulo de la salud alimentaria le faltan todavía otros dos vértices para estar completo: ejercicio y el factor emocional.

Decir “adiós” al sedentarismo, un problema especialmente grave entre la gente joven. No se trata de matarse en el gimnasio, porque puede producir un efecto rebote, sino de realizar una actividad física sostenible diariamente y un deporte adecuado a cada persona dos o tres veces a la semana.

¿Y la psique? La mejor fórmula: comer bien y sano tiene un efecto sedante. La comida es un estabilizador emocional si el contexto es agradable. Por tanto, busque que ese momento sea placentero y huya del estrés, que siempre se asocia a obesidad, hipertensión, diabetes y enfermedades mentales. Simple sentido común.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *